sábado, agosto 30, 2025
Ciencia y Salud

¿Curar o contaminar? La paradoja que enfrenta el sector salud ante el uso desmedido de plásticos


Para la maestra Alessandra Azevedo, responsable de compras sostenibles para el Proyecto Hospitales Saludables, en Brasil, muchos hospitales priorizan costos inmediatos por encima de sostenibilidad debido a la falta de directrices ambientales internas. Este debate no se trata de dejar de usar plásticos médicos, sino de analizar cuándo son realmente imprescindibles y cómo optimizar su uso.

Jimena, médica y ahora maestra en Salud Pública con enfoque en salud ambiental, tiene grabada la frase: “Acabo de salvar una vida con estos guantes. No sé cuántas vidas tomó que llegaran a mí”, y ella añade: “¿Cuántas vidas más se perderán al desecharlo?”. Lo cierto es que muchos de estos insumos se producen en regiones que padecen explotación laboral y ambiental, y son esas mismas regiones las que terminan enfrentando las consecuencias.

Residuos que enferman

El proceso es simple: se abre el material, se atiende al paciente, y se desecha ese material junto a su envoltura plástica. No hay datos actualizados sobre la generación de residuos hospitalarios en América Latina. Sin embargo, un estudio de 1997 realizado por la OPS y el Banco Interamericano de Desarrollo estimó que la generación por cama de hospital era de 3 kg de residuos diarios, de los cuáles, 0.5 kg son peligrosos (sangre, punzocortantes, fármacos caducados) y 2.5 kg no lo son. Considerando que la región cuenta con aproximadamente 1.2 millones de camas, esto implicaría una generación diaria estimada de 3,600 toneladas —lo que puede equivaler a 360 camiones de basura— de residuos no peligrosos.


Derecho a reparar

Fabricantes de electrónicos bloquean la reparación independiente y llenan el planeta de basura. A nivel local, surgen resistencias a este modelo insostenible, como el de una profesora de Querétaro que fundó un club de reparadores, el cual defiende el derecho a reparar lo que las empresas quieren que tires.


De acuerdo con la OPS, el 70% se gestiona inadecuadamente: terminan incinerados o en vertederos a cielo abierto. Como resultado se liberan metales pesados y dioxinas que contaminan el aire, agua y suelo, y afectan la salud humana, incluso en dosis mínimas. Aunque solo el 15% de los residuos hospitalarios son peligrosos, el 85% restante es similar a la basura doméstica o municipal. Cuando no hay separación desde el origen, los residuos peligrosos también terminan incinerados, lo que eleva costos y contaminación. Separarlos no solo reduce emisiones tóxicas, también optimiza recursos.

Los plásticos médicos —como los domésticos— también se clasifican del uno al siete. La diversidad de materiales también complica su gestión. Muchos insumos son de PVC (código 3), difícil de reciclar; otros, como el polipropileno (código 5), son más fáciles de reprocesar porque no contienen aditivos tóxicos. Aunque no todos, algunos plásticos médicos tienen el triángulo de reciclaje con su código.

El Tratado Global sobre Plásticos busca regular todo el ciclo de vida del material, desde la producción hasta el final de uso. Abordar solo el manejo de residuos es insuficiente para abordar la crisis. La artista holandesa Maria Koijck lo evidenció en 2021 al crear una instalación con residuos de su cirugía. En gradientes de azul hospital, mostró visualmente la magnitud del desperdicio quirúrgico.

La salud fuera de la mesa de negociación

En el INC-5.1, 175 países avanzaron en la negociación, pero no alcanzaron un acuerdo final. Excluir al sector salud, advierte Jaquelina Tapia, gerente técnica de programas de Salud sin Daño para América Latina, sería “abrir ventanas de excepción que perpetúan prácticas contaminantes y desincentivar al mercado para la innovación en insumos más sostenibles”. Y así, se forma un círculo vicioso: los hospitales no piden opciones sostenibles y los mercados no las diseñan, porque nadie los obliga ni se les exige.

¿Qué tan inevitable es todo el desperdicio? Aunque el plástico es esencial en muchos procedimientos médico-quirúrgicos, algunos sistemas de salud se cuestionan cuánto se usa y qué alternativas existen. La organización Salud sin Daño ha documentado casos exitosos de hospitales que han reducido emisiones, residuos y consumo de recursos en nuestra región.

Por un lado, las investigaciones en bioplásticos avanzan, pero persisten desafíos en durabilidad y toxicidad. Por el otro, reprocesar insumos implica consumo de agua, energía y químicos, por lo que su viabilidad se debe evaluar con cuidado para no generar otros impactos.

Existen alternativas viables —que varían según el contexto y capacidad de cada hospital— ahora la política debe crear condiciones para poder escalarlas. El desafío no solo es técnico, es político. Sin las regulaciones que impulsen materiales sostenibles y sancionen prácticas contaminantes, el cambio será lento y desigual. Repensar el uso de este material con evidencia científica y respaldo político es una urgencia.

Antes de partir a Europa, Jimena estaba inquieta. Teme que en la prisa por cerrar acuerdos, queden fuera temas esenciales como la salud. La crisis plástica es una crisis de salud. Pero si el Tratado no lo reconoce, entonces, ¿qué es lo que pretende proteger?



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