sábado, agosto 30, 2025
Ciencia y Salud

La guía WIRED para consultar revistas científicas especializadas


En la era del podcast a granel, de los gurús de TikTok, y de las alucinaciones de la inteligencia artificial, separar lo verdadero de lo falso resulta cada vez más difícil. No es solo que corregir desinformación toma más tiempo que crearla, sino que generarla es exponencialmente más fácil hoy en día a causa de los grandes modelos generativos.

Para complicar aún más el panorama, muchas instituciones que tradicionalmente han actuado como guardianes del conocimiento, como los medios, las universidades y los expertos, han sido objeto de ataques sistemáticos. En junio de este año, por ejemplo, el Departamento de Salud de Estados Unidos, encabezado por Robert F. Kennedy Jr., calificó de “ciencia basura” a revistas científicas tan prestigiosas como Nature. Lo irónico es que un reporte reciente publicado por ese mismo departamento resultó estar lleno de citas inventadas y tergiversaciones de artículos científicos reales.

A veces, las críticas a estas instituciones epistémicas están justificadas. Muchas otras, no. En cualquier caso, hay algo que nunca debe pasarse por alto: toda sociedad avanzada necesita mecanismos confiables para separar lo razonable de lo que no lo es. Rechazar esto es renunciar al proyecto de distinguir entre conocimiento y mera opinión: es creer que tu vecino tiene la misma preparación que un cirujano para operarte.

Robert Kennedy Jr

Robert F. Kennedy Jr., secretario de Salud de Estados Unidos, quien calificó a las revistas académicas más conocidas como “corruptas”.

Michael M. Santiago/Getty Images

Una de esas instituciones que más vale la pena entender —y defender— son las revistas especializadas. Aunque no siempre están exentas de errores o sesgos, su función sigue siendo central para sostener la arquitectura del conocimiento confiable.

Este artículo es una guía para navegar ese mundo. Veremos cómo distinguir una revista confiable de una engañosa y por qué la revisión por pares sigue siendo un pilar crucial en ciencia y otras disciplinas. En el camino, abordaremos algunos aspectos poco comprendidos sobre cómo se produce conocimiento, y qué significa realmente que haya “consenso” en ciencia (spoiler: no es lo que crees).

Qué es una revista especializada

¿Qué es una revista especializada? Se trata de publicaciones periódicas enfocadas a un campo de conocimiento y dirigidas principalmente a expertos. Es en ellas donde se proponen nuevas teorías y modelos, se presentan experimentos y se discuten resultados. Son, en esencia, el repositorio donde se consolida y actualiza el conocimiento de nuestra especie.

Aunque solemos asociarlas con la ciencia, prácticamente toda disciplina con vocación académica cuenta con revistas especializadas: desde la física y la biología hasta la historia y la literatura. Ejemplos bien conocidos del ámbito científico son Nature, The Lancet y Science.


Ilustración sobre un video de difusión científica corto y sencillo.

La ciencia sabe que después de ver un video sobre difusión científica te sientes como un investigador consolidado. Bienvenido al «efecto de facilidad».


En años recientes, sin embargo, han aparecido un número preocupante de publicaciones que podríamos llamar “pseudorevistas especializadas”. Estas imitan el formato de una revista académica legítima —ostentan un nombre serio, tienen un sitio web profesional, artículos con gráficos— pero operan sin controles de calidad. Su modelo de negocio suele basarse en cobrar a los autores por publicar, sin una revisión editorial rigurosa, y en enviar spam a miles de investigadores invitándolos a publicar (de ahí que en inglés se les conozca como Predatory Journals).

¿Qué tan malos son sus estándares? El caso de Peter Vamplew, profesor en la Federation University Australia, ejemplifica qué tan defectuosos pueden llegar a ser sus métodos de selección. Molesto por la cantidad de spam que recibía de la revista International Journal of Advanced Computer Technology, Vamplew envió un artículo a la revista titulado ‘Get me off Your Fucking Mailing List’ (el “artículo” había sido escrito anteriormente por los científicos David Mazières y Eddie Kohler). Para su sorpresa, el artículo fue evaluado como “excelente” y aceptado para publicación (no fue publicado porque Vamplew no realizó el pago de $150 dólares necesario).

¿Qué tan grande es el problema? El bibliotecario Jeffrey Beall compiló una lista de estas publicaciones —la controversial Beall’s List— que llegó a incluir miles de pseudorevistas especializadas. Esta lista, y otras similares, han sido criticadas, a veces de forma justificada, porque incluyen revistas que probablemente no deberían estar presentes, porque la lista parece estar sesgada en contra de revistas de países menos desarrollados, y porque hay criterios importantes que la lista ignora. Con el tiempo, Beall se vio obligado a retirarla por presiones externas



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