Cómo funciona la bomba atómica y cómo se creó la primera de ellas
Hace ochenta años, el 6 de agosto de 1945, la bomba atómica «Little Boy» fue lanzada por el bombardero Enola Gay y explotó aproximadamente a 600 metros sobre Hiroshima, Japón, causando alrededor de 70,000 víctimas en un solo día. El destello cegador, seguido del silencio, anunció la era nuclear.
A pesar de que esta arma solo se ha utilizado dos veces, en Hiroshima y en Nagasaki, y de que ha funcionado como un elemento disuasorio de conflictos, es innegable que su mera existencia constituye un peligro considerable. De acuerdo con la ONU, a pesar de los esfuerzos de desarme y de numerosos tratados internacionales, aún existen 12,331 cabezas nucleares en el mundo.
De la idea al átomo
En 1933, cuando Adolf Hitler instauró el Tercer Reich, el científico judío Leo Szilard estudió cómo generar una cadena de reacciones de fisión nuclear capaces de autosostenerse y liberar una gran cantidad de energía; en otras palabras, una bomba. En 1938, el físico Enrico Fermi descubrió un átomo en el que se producía un proceso similar: al impactar un núcleo de uranio con un neutrón, el átomo liberaba otros neutrones. Así, en 1940 nació el Proyecto Manhattan, un proyecto secreto para el desarrollo de armas nucleares, que contó con la participación de Arthur Compton, junto a Fermi, Szilard y el físico teórico Julius Robert Oppenheimer, quien desarrolló la primera bomba atómica real de la historia en 1943.
Para probarla, el 16 de julio de 1945 la hicieron estallar en el desierto de Nuevo México, y solo 20 días después, el 6 de agosto, la bomba nuclear de uranio «Little Boy» cayó sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. El 9 de agosto, una segunda bomba de plutonio, «Fat Man», fue lanzada sobre Nagasaki. Ese verano, tras la rendición de la Alemania nazi, Japón seguía en conflicto con Estados Unidos, y, con el uso de bombas atómicas decidido por el presidente estadounidense Harry Truman, el país se rindió, poniendo así fin a la Segunda Guerra Mundial.