viernes, agosto 29, 2025
Cuba

El pueblo cubano tiene el poder de alcanzar la libertad


Alex Otaola es uno de los ‘influencers’ cubanos más polémicos y a la vez más exitosos del exilio. Esta es una entrevista con él.

LA HABANA, Cuba. – Alexander Otaola Casal, más conocido como Alex Otaola, ha sido uno de los influencers cubanos más polémicos y a la vez más exitosos del exilio cubano. Tiene millones de seguidores dentro y fuera de Cuba, y ha incursionado incluso en la política en Estados Unidos. Parte de su éxito se debe a que ha sabido combinar contenidos de entretenimiento con denuncias a la dictadura cubana y exposiciones mediáticas de la crisis, la represión y las violaciones de derechos humanos en la Isla.

CubaNet conversó en exclusiva con el comunicador sobre su trabajo, activismo en contra del régimen cubano, su opinión sobre la política estadounidense hacia la Isla. También le preguntamos sobre la situación en Cuba y el posible camino hacia la libertad.

Alex, quisiera comenzar por una de las iniciativas que has promovido en los últimos años; me refiero al parón. ¿De qué se trata y por qué haces hincapié en él?

―El parón comenzó en el 2018; hasta ese momento yo no tenía conciencia de la represión y de que el dinero que se enviaba a la Isla terminaba en el bolsillo de la dictadura cubana. Fui de la gente que, en el inicio de mi programa, también anuncié agencias de envío, de recargas, de viajes a Cuba.

También impulsamos [la campaña] “No travel to Cuba”, que ha conseguido quitarle millones de dólares a la dictadura. El primer año de parón, la dictadura cubana tuvo que reconocer ―luego de una campaña gigantesca en Miami por parte de las agencias de viaje en la que trataban de aparentar que no se habían visto afectadas― que le habíamos quitado 56 millones de dólares.

El parón es esa arma que tenemos en el exilio para decirle a la dictadura “estamos convencidos de que podemos detener las remesas y los envíos”. Es una acción más de las tantas que, desde aquí, han podido hacer los cubanos que aman la libertad.

Lo quieren vender como una iniciativa antifamilia o como una iniciativa que atenta contra la parte humanitaria, pero la realidad es que quien atenta contra la humanidad, quien comete crímenes, es el Partido Comunista de Cuba contra su pueblo.

Esto ha marcado una evolución en tu forma de pensar, y en tu trabajo también. Hablabas del tema de los viajes a Cuba; tú viajabas constantemente a la Isla. ¿Cómo ha sido esta transformación y por qué crees que sea importante promover esto también? Me gustaría insistir en esto porque forma parte de los cuestionamientos que se te han hecho.

―Todo el tiempo.

Yo viajé 11 veces a Cuba, hasta el año 2015, ya hace 10 años que no viajo a Cuba. Y también formaba parte de los cubanos que no tenían la conciencia de que viajar a Cuba o de que alimentar con tu dinero a la dictadura cubana era alimentar el dolor del pueblo. Y me costó trabajo entenderlo.

Mis viajes a Cuba siempre fueron familiares, el último y el penúltimo fueron por razones de trabajo: fui a hacer entrevistas para el canal de televisión en el que trabajaba en ese momento. Y el último viaje fue para despedirme y enterrar a mi abuela.

Hay una inconsciencia muy grande. La gente cree que cuando decimos “No viajes a Cuba” estamos hablándoles de que abandonen a su familia. Hoy mismo hay opciones de reencontrarte con tu familia en otros países, de poder darles una semana o más días de vacaciones, de poder compartir con ellos.

Yo lo que aprendí de estos 11 viajes es que no vale la pena visitar el lugar donde te patearon. No vale la pena ir a un lugar donde no eres querido. En mis viajes a Cuba, tuve incidentes terribles dentro de las tiendas. Por ejemplo, había un maltrato o una acusación injusta contra gente que estaba allí; y yo tenía este problema de incontinencia verbal que siempre, viviendo en Cuba y fuera de Cuba, me ha caracterizado, y es el no quedarme callado jamás.

Por eso es que insisto constantemente, porque sé que la gente que llega a Miami o que sale de Cuba recientemente lleva un proceso de sanación, de desintoxicación y yo lo que trato con mi mensaje ―a veces bien entendido, a veces mal entendido, a veces bien dicho o a veces no dicho de la de la manera que la gente quiere escuchar― es de abreviar ese período ―que a mí me costó varios años― y que se den cuenta de que no vale la pena seguir alimentando el lugar de donde huiste.

Hablando de evolución, Alex, también fuiste demócrata y hoy estás en el grupo político contrario. ¿Cómo ocurrió esa evolución? ¿Qué experiencia tuviste que te llevó a adoptar esa postura?

―Ocurrió todo en el transcurso del programa.

Nunca fui de los demócratas carneros, que aplauden sin sentido. Siempre fui un demócrata crítico, que no entendía por qué razón había que recurrir a la violencia o al caos para llevar un mensaje o a la manipulación de las minorías. Nunca me he sentido representado dentro ninguna minoría ni bajo ninguna bandera LGBT+, ni ningún discurso de estos que hoy sabemos que son agendas políticas.

Estaba en el programa, al aire, y di la noticia de que Jill Biden, que en aquel momento era la esposa del exvicepresidente [Joe Biden] ―estaba comenzando el primer mandato de Trump―, estaba aterrizando en La Habana. Oigo que la agenda de Jill Biden era visitar hospitales y escuelas, dentro de esos en Camagüey ―lugar donde yo nací y que conozco muy bien―, para traer a Estados Unidos esa experiencia y para agregar a Estados Unidos los desarrollos que habían conseguido los sistemas de salud y educación en Cuba.

Ahí me di cuenta, inmediatamente, que yo estaba en el partido equivocado, y allí, en ese instante, hice mi quiebre. Unos días después, públicamente anuncié que me había cambiado de partido político.

Mucha gente critica eso porque creemos en la unidad monolítica, porque somos un pueblo que ha crecido con un único partido y la gente lo considera como un error o una traición. Se llama evolución, tú lo definiste de manera perfecta. Se llama darse cuenta de que lo que has estado apoyando no representa tus valores. Yo creo que eso es algo que muchos tenemos que aprender todavía.

Respecto a la política hacia Cuba, ¿qué expectativas te genera esta nueva administración en Estados Unidos?

―Tengo todas las esperanzas. Creo que esta administración es la que va a llevar al cambio definitivo, que va a hacer el soporte, el apoyo necesario para ese cambio, que no va a depender de Trump ni va a depender de nosotros en Miami, va a depender del pueblo cubano dentro de la Isla; por supuesto, con el apoyo de todos, con la colaboración de todos. Mi mensaje para los cubanos es: no esperen más.

Si no ocurre en estos cuatro años, con la Cámara Baja, con el Senado, con la presidencia, con la mayoría incluso hasta en la Corte Suprema, no va a ocurrir en mucho tiempo. Por eso es que se me desarrolla en este momento como una ansiedad, la gente me dice que me ven alterado cuando tendría que estar contento porque Trump está en el poder.

Sí, Trump está en el poder, pero el cambio no va a venir de Trump, eso no es una orden que va a dar Trump y que va a ocurrir. Aquí tienen que ser muchos elementos que caminen hacia la misma dirección y en pos de eso estoy trabajando, en que no se pierda el tiempo. Creo que es importante que, viendo lo que está pasando en el Caribe, en Venezuela, la gente dentro de Cuba entienda que su papel es el de ser protagonista en este cambio.

¿Y cuáles son, a tu entender, esos elementos que debería ir adoptando la administración respecto a Cuba para acelerar ese cambio?

―Ayer tuve una reunión con el congresista Carlos Giménez, y estuvimos hablando de esto (…). En Washington también están conscientes de esto que voy a decirte: creo que el paso número uno es lo que vemos que ha estado ocurriendo con Venezuela, (…) y me refiero a declarar a Cuba como un peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos porque lo es, porque tiene bases espías chinas allí, porque envía soldados a Rusia. Los lazos con Irán también ponen a Cuba en una diana perfecta para que se declare como peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos.

Y el próximo paso que le pido a la administración es algo que también ha ocurrido con el régimen de Maduro, y es convertir, catalogar al PCC [Partido Comunista de Cuba] como una entidad terrorista en el hemisferio. Las pruebas son miles y están en la historia.

Y que, además, ejerce terrorismo de Estado contra la población.

―Ejerce y ha ejercido por 66 años el terrorismo de Estado y la represión.

Ellos mismos lo han reconocido hasta en las voces de sus de sus verdugos. El propio Ramiro Valdés ha contado con orgullo, todos los atentados, los vandalismos, todas las agresiones que hicieron cuando eran jóvenes.

Además, en Cuba se han refugiado terroristas perseguidos por la justicia estadounidense, también de España, de Latinoamérica, de las guerrillas… Hay un libro muy interesante de María Werlau que habla de la intervención de Cuba en Venezuela, es decir, Cuba ha sido un aliado fundamental de un Estado narco.

―Sí, así mismo. De hecho, Maduro está siendo custodiado ahora mismo por fuerzas de la Seguridad del Estado cubana.

Ese es el camino, y es lo que le pido a la administración, que hay que, de una vez y por todas, nombrar las cosas por su nombre.

Antes, incluso en los medios y dentro de los opositores y medios de oposición, no se nombraba la dictadura cubana como dictadura, se le llamaba gobierno. Nosotros luchamos contra eso, porque hay que ponerle el nombre a las cosas. Es el momento de ponerle el nombre al PCC como una entidad terrorista, y a Cuba como lo que es: un peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos y de todo el hemisferio. Ahí está la metástasis en Venezuela, en Nicaragua, ahí está el efecto en México ahora mismo con Morena en el poder.

No podemos seguir repitiendo lo que se ha hecho y no ha funcionado o no ha dado los frutos totales que buscamos. Hay que exigir acciones y no palabras.

Alex, este activismo te ha convertido en un blanco de la dictadura cubana, incluso te han incluido en un “listado de terroristas”. ¿Te has sentido amenazado de alguna manera por el régimen cubano? ¿Temes por tu vida?

―Estoy amenazado siempre, por eso es que tengo seguridad personal 24 horas y mi propiedad está custodiada todo el tiempo. He recibido múltiples amenazas, lo último ―y creo que menos agresivo― fue la inclusión de mi nombre en la lista de terroristas de Cuba.

Yo nunca he matado una mosca. Pero eso me da la posibilidad de, desde la posición en la que ellos me han puesto, poderme comparar con ellos, y decir: “Bueno, ¿cuántas bombas han puesto ustedes para llegar al poder? ¿Cuántos fusilados? ¿Cuántas familias divididas? ¿Cuántos presos políticos? ¿Y cuánta gente sufre ahora mismo por los actos terroristas que dicen ustedes que yo he cometido?”. Ahí está la evidencia.

Ellos dan patadas de ahogados todo el tiempo porque también están acostumbrados a que la respuesta sea tibia. En la época de [Jorge] Mas Canosa había un poco más de respuestas a la altura, pero durante mucho tiempo el exilio se ha enfriado. Las organizaciones perdieron conexión con la gente dentro de Cuba y esa respuesta a los ataques de la dictadura a los opositores y periodistas independientes y voces que los denuncian se convirtieron en reacciones muchos más tibias.

Conmigo han tenido que chuparse el caramelito hasta el palito, como yo digo y, además, ya estoy haciendo reclamos en los foros internacionales porque la intención de la dictadura con esta inclusión de mi nombre en la lista es limitar mi posibilidad de movimiento.

Ellos saben que Estados Unidos no me va a considerar un terrorista, porque no lo soy. Ellos saben que no va a haber extradición posible. Yo planeo llevar esto a todo foro internacional. Ellos me han abierto la puerta a estos escenarios que, hasta el momento, no había podido pisar.

Entonces, lo que quizás me están haciendo es un favor, porque con la intención de limitar mis movimientos, me impulsan. A Europa voy a volver a finales de este año para reunirme con los cubanos allá, para llamar al cierre total, al parón total también desde Europa.

Pues esto es lo que me han facilitado: la puerta de entrada a la Comunidad Europea, a la OEA, a la ONU y a todos los foros internacionales; y van a tener que responder.

Alex, ¿cómo valoras el panorama actual dentro de la Isla? ¿Crees que estemos cerca de lograr la libertad? ¿Qué faltaría para acelerar ese cambio?

―El pueblo cubano está listo para reconocer por lo mal que ha apostado. Hay una conciencia nacional de que las cosas están mal, de quiénes son los culpables, aunque la gente no tenga el valor de reconocerlo públicamente.

Después del 11 de julio [de 2021], ya no pueden vender al mundo libre, de que le pueblo cubano está con ellos. Se rompió la máscara.

Pero, ¿qué pasa en este momento, según mi visión, con el pueblo cubano? No valora la fuerza real que tiene. El pueblo cubano está desarmado, no tiene armas de fuego pero sí tiene una mayoría absoluta en miseria total que puede utilizar como arma. Sí, el propio miedo puede convertirse también en un arma contra la dictadura.

Necesitamos unidad de propósito. Aunque tú y yo pensemos diferente, veamos las cosas diferentes, lo haríamos de manera diferente cada uno, si tenemos un mismo objetivo, el ser libres, el no permitir que se nos sigan muriendo nuestros hijos, el no permitir tener que terminar nuestros días como un animal malherido, tenemos que unirnos.

El pueblo cubano tiene que arrancarse, extirparse, de una vez y por todas, la resignación. Eso nos ha hecho demasiado daño y es algo que la dictadura alimenta constantemente. De hecho, tú que has tenido los enfrentamientos con la Seguridad del Estado, puedes dejarme mentir o no. Ellos enseguida tratan de desanimarte, tratan de decirte “ustedes no van a conseguir nada, ustedes están solos aquí”.

Esa línea de tortura psicológica es de la que el pueblo cubano tiene que darse cuenta, que no es una realidad, que no es cierto, que esto se puede cambiar con el pueblo cubano entero diciendo “Mira, ¿sabes qué? Te tengo miedo, no quiero que te la cojas con mi familia, pero con esta misma fuerza que te estoy diciendo todo esto, te estoy diciendo también que no quiero seguir bajo tu mando. No sirven, son ineptos, han tenido 66 años ―jineteándole a todos los países del mundo― para hacerlo bien y no han hecho absolutamente otra cosa que no sea matar al pueblo cubano, destruir la cubanidad, destruir la raza, destruir los valores, destruir la nación que somos”.

Es momento de decirle a la dictadura, mirándole a los ojos, “No queremos que ustedes sigan en control. Basta”.

Yo creo que, si el pueblo cubano entiende que esa es el arma más grande y poderosa que tiene, estamos a dos días de la libertad.

Alex, te agradezco mucho por este intercambio. Te agradezco también por el apoyo que has expresado en varios momentos a mi trabajo, y los cuestionamientos también. Aunque no coincidamos en algunos puntos de vista, yo promuevo el debate, porque de eso se trata la democracia, de la diferencia de criterios; y esa es la Cuba que todos queremos.

―Por supuesto.

Esperemos que esta no sea la última vez.

―Claro que no. Cada vez que crean que puedo aportar algo a ustedes y al debate, pues aquí estoy para ustedes. Viva Cuba libre, señores; es ahora o nunca. No duden que todos ustedes son invencibles. No tenemos que pensar igual, no tenemos que ver las cosas iguales, no tenemos que decir las cosas de manera igual; tenemos que querer todos lo mismo y todos lo que queremos es ser libres. Estamos cada vez más cerca. Convénzanse de eso.



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